jueves, 1 de mayo de 2025

La falacia de la identidad

Yo soy yo. Yo soy la que ha sufrido, la que ha vivido, la que ha reído y llorado, eso lo dice el Ego.

En el interior de mi espíritu sé que soy nadie, que las experiencias que mi mente recuerda como pasado son sucesos que ocurrieron a otro ser, en otro universo. 

Los recuerdos bien podrían ser datos, solo implantados en un programa para crear la identidad que la simulación ha querido otorgarme. 

Simulación, o no, los recuerdos solo existen en mi mente y no en la realidad. Solía pensar que los sucesos eran reales en la medida en la que se creaban y existían en varias mentes simultáneamente, y se traían a la vida a través de la narración conjunta realizada por los protagonistas.

Ya nadie recuerda nada. Existe todo un universo en mi mente que nadie vivió, que nadie vivo recuerda. Mis recuerdos más preciados bien podrían ser un delirio de una mente soñadora. 

Los recuerdos viven en las heridas, lo sé. Solo basta con cerrar los ojos para sentir su dolor latente.

Pero al mismo tiempo, no soy yo quien ha recibido la herida, no soy yo quien ha vivido los que ahora son recuerdos febriles. Yo soy solo lo que soy hoy, solo lo que soy en este instante, en este lugar, todo lo anterior hace parte de mi, si, pero no soy YO.

En ese sentido, la identidad es una falacia y es una de mis favoritas. Lo escribo aquí porque he de recordarme no caer en ella.

Creemos que nuestra identidad está erigida en lo que hemos hecho, lo que hemos vivido y sufrido, que somos un mero resultado de un millón de acciones, pero esa es una falsedad, pues desconoce el efecto transformador del tiempo sobre cualquier cosa en nuestro mundo mortal.

También desconoce nuestra propia insignificancia, pues todo se transforma en este universo, y no somos tan relevantes en el gran esquema del todo como para hacernos excepción. 

Sufro, si. Pero ya no estoy segura si sufro por los eventos que han sucedido, si sufro por las versiones de mi que los han padecido, o si mi sufrimiento lo genera la falacia de esta identidad que no reconozco, pero que se ha forjado en el dolor.

En los últimos tiempos, mi espíritu se ha hecho más liviano, el sufrimiento ha vuelto a sentirse como la acostumbrada mirada del abismo existencial, y no como la greda hirviente y espesa que me ahogaba de dolor. 

Yo solo soy yo. Soy nada, soy nadie, soy líquido, soy energía y soy verbo. Solo existo en este instante, y en el instante siguiente una nueva yo me reemplazará, más fuerte y mejor.

Y sea quien sea yo, sin importar el momento en el que exista, estaré bañada por el inconmensurable y perenne amor de todas las que fueron antes de mí. 

sábado, 12 de octubre de 2024

Agua Termal

Como no podía ser de otra forma, cuánto más a gusto me sentía con la frialdad que recorría mis venas, más pronto llegó aquello capaz de hacerme arder.

El nacimiento de la ilusión es un espectáculo sangriento, los bulbos de la esperanza brotan inclementes, abriéndose paso por la coraza de carne y hueso del cinismo. 

Los caballos de la esperanza corren desbocados por las llanuras de mi corazón, el espectáculo es maravilloso, refrescante y cálido, pero me inquieta pensar en los rifles de la realidad, ajustando la mira para acabar con ellos.

Duele deliciosamente que mi piel se erice y se estremezca al sentir sus manos, duele que mi corazón cante al contemplar sus ojos, y lo que leo en ellos. Duele sentir el clamor de mis entrañas por tenerle en mi interior, el despertar de la voracidad del animal perezoso y temeroso en el que se había transformado mi libido.

Temo, y espero, temo el golpe que será nuestro final, ese golpe inexorable es la única certeza. Será muerte, traición o decepción, lo sé, como siempre, y yo me quedaré a recoger los trozos rotos de las pocas esperanzas que sobrevivan.

Aún así, no puedo acallar el canto de mi corazón. No puedo contener el impulso de mi cuerpo al sentirle, de mi anhelo cuando no está, o de la humedad sedienta entre mis piernas. Aún a pesar de la certeza, no puedo evitar susurrarle palabras de amor y creerme las suyas. Aún a pesar de los vaticinios y la experiencia, le quiero, quiero el instante de momentáneo placer compartido, aunque deba asumir su inmenso precio después.

Tal vez no he aprendido nada. Me resisto a que la lección de esta vida sean la desesperanza y la desconfianza absolutas, a pesar de lo que se me ha enseñado me niego a creer que en este mundo los hombres no puedan amar.

Estoy agotada. Ojalá necesite solo una última lección.

domingo, 18 de agosto de 2024

Imagen interna

Solía imaginarme mi mente como una bodega eterna de archivadores apilados que se perdían de vista en el alto techo, muchos de ellos clausurados por el miedo que tenía de abrirlos, muchos otros estaban sumidos en la oscuridad de la negación y la vergüenza. Era una vista opresiva, que me hacía cerrar la puerta con temor a los monstruos que habitaban esos archivos.

Le temía a mi propia mente, y al límite de su resistencia, me aterrorizaba la pérdida de la cordura debido al dolor de la realidad. Pasaba mis días caminando por los afilados riscos de la razón metódica, temerosa de caer en los oscuros abismos que se abrían a mis pies.

Cuando el paso me falló, y nadie estuvo para sostenerme, caí a los abismos de la locura, solo para descubrir que estos no eran tales, eran valles y colinas de suave pasto, que acogieron mi caída con la calidez que habita en mis propias profundidades.

Fue la luz de mi nuevo entendimiento lo que iluminó el mundo. 

La tristeza monstruosa y amenazante no era tal, era la cariñosa e implacable mano de la madre, empujándome a crecer en sus caminos. La verdadera suavidad llegó cuando renuncié a la esperanza, cuando abracé lo inevitable, cuando acepté la satisfacción que existe en mi propia resiliencia y mi inflexible implacabilidad.

Ahora, en mi espacio interno no hay rastro del ominoso y amenazante archivo. En su lugar, me recibe una cálida cabaña con una limitada biblioteca, de lo poco que elegí necesitar y salvar después de la caída a los abismales paraísos del descubrimiento, todos los libros han sido leídos y son guardados con amor. Ninguno me asusta, ni siquiera aquellos que se despiden con tragedia.

Puedo tenderme en los cómodos lugares para descansar y disfrutar del cálido sonido del agua correr, de los ronroneos tranquilos a mi alrededor y del espacio bañado por el cálido sol de la aceptación. Puedo comer los deliciosos manjares de la naturaleza y la moderación, puedo conversar con mi cuerpo y modelarlo con los esfuerzos de la disciplina, puedo respirar el aire puro sin la ranciedad de la infelicidad autoimpuesta.

La pesadilla está afuera, cuando me asomo a las ventanas polarizadas de mi cabaña cerrada puedo ver a los monstruos danzando descontroladamente alrededor de las hogueras en las que se cocinan los corazones tiernos, y mi resolución de sellar la puerta que me conecta con el exterior se fortalece cada vez más, especialmente cuando escucho sus lascivas garras golpear.

Todo el tiempo la calidez estuvo aquí, la verdadera aceptación, la satisfacción, la tranquilidad y la felicidad al despertar cada día, todo estaba en el propio interior. Que demenciales parecen ahora los esfuerzos por buscarla en el exterior.


domingo, 7 de abril de 2024

Arrepentimiento

Las mujeres suaves, entregadas y femeninas solo pueden existir en un mundo seguro.

Quien me conozca, sabrá, que grito no arrepentirme de nada, que muestro orgullosamente las heridas que me han deshecho, y hecho. Y como siempre, la vida me obliga a tragarme esas palabras, con regusto a bilis.


Me arrepiento, como me arrepiento. He llorado lágrimas amargas junto a una tumba, lágrimas de arrepentimiento y de culpa, como dije que nunca iba a hacer.


Si, tomé la decisión equivocada y me arrepiento del tiempo perdido con quién importaba, no tengo a nadie más que a mi para culpar por ello, y lo dejo pasar.


Pero más que nada, el arrepentimiento ha llegado con la rotura de paradigmas, con el inventario deprimente de las estructuras de mi filosofía que han quedado en pie. 


Creí que podía dar a manos llenas todo lo que sentía que tenía de más, porque estaba convencida de que era infinito. Me sentí tan soberbia en mi creencia que encontré almas perdidas, que no tenían fé, y las bañé en mis certezas para que nunca más desconfiaran.


Si, por un tiempo les convencí. Era insoportable para mí escucharles hablar de su duda al amor, a la lealtad de las mujeres, y quise enseñarles como no era verdad, como yo podía cambiar su visión del mundo, como el amor era infinito y resiliente, y lo podía todo. Ja.


Ingenua.


Me despedace, me exhibí, me arrastré y me marchité, todo para demostrar un punto, todo para tener razón.


Y ahora, ahora me doy cuenta de que la razón la tenían esas almas, que vivían en un mundo sin amor y sin lealtad, que por ello y como aquellos hombres encadenados en la caverna, era lo único que conocían en el mundo. 


Fue aterrador aquel momento en el que me sentí dentro de esa caverna, en el que sentí como las cadenas de la traición y del dolor me restringirian para siempre. Fueron aterradores los instantes en los que pensé que no existe el amor de los hombres, ni su lealtad, ni su bondad.


Ningún universo fue peor como aquel en el que creí que todo mi amor, mi lealtad, mi confianza, mi fé y mi entrega se habían agotado, y no existirían nunca más. 


Afortunadamente entendí que mi hogar no es la caverna, sólo si me quedo en ella me veré obligada a sucumbir ante sus creencias, en la caverna de estos seres no existen las emociones elevadas, y fue soberbio de mi parte querer enseñarles del calor del sol en el rostro, o del rocío entre los dedos de los pies, pues es algo que no existe en su mundo.


Un pequeño niño terminó teniendo mucha más razón que yo, y me enseñó de la perversión en todo lo que creía cierto. 


Me arrepiento de haber agotado mis reservas de fé e incondicionalidad convenciendo a otros, a unos que no pueden ni deben ser convencidos, pues sus ojos solo están adaptados a la oscuridad.


Uno murió con la certeza del amor, en su lecho de muerte y viéndome a los ojos, entendió por fin que le amaba. Otro, creyó en él solo mediante el dolor en mis ojos y la sangre en mi pecho, lo convencí de la existencia del amor cuando elegí mi amor por él, antes que mi amor por mí.


Si ese es el amor, tampoco ya creo en él.


Al final, se trata más de capacidad que de intención. No todos tenemos la misma capacidad y talento para el amor.


En mi mundo, en el que el amor es el agua, yo soy solo un pez que fluye.


Pero existe otro que es como el aire, otro que también es infinito, una de aquellas fuerzas y conceptos que acuden en mi rescate en los momentos en los que los necesito. Un viejo amigo, amado y temido.


El odio también es infinito, y es balsámico.


Me despido de mi blandura. Incluso la suavidad de mis carnes está desapareciendo para ser reemplazada por los músculos de la independencia, que me permiten llevar mis propias cargas sin ayudas interesadas. La fortaleza y dureza del cuerpo me han traído recuerdos olvidados.


Tal vez la era de la cobardía ha terminado. Tal vez sea tiempo de abrazar la violencia.

miércoles, 3 de abril de 2024

Funeral II

Hoy es un buen día para un nuevo funeral, el de una identidad más del ser innominado e infinito que soy. Eris ha muerto. Eris, la perra sedienta doblegada por su propio deseo ha muerto, y su muerte ha sido un alivio, pues ahora me doy cuenta de que hace mucho recibió su estocada mortal, y sus gemidos agónicos eran el ruido de fondo de mi angustia. El silencio es un bálsamo.

La diosa, por supuesto, perdura y florece.

No puedo exigir de vuelta lo que libremente dio Eris, no puedo castigarla por sus celos injustificables, no puedo borrar de las memorias y de los ojos indignos la visión de su cuerpo y su entrega, no puedo hacer nada frente a la infinita falta de vergüenza de aquellos que usan esas visiones, como si aun la tuvieran. No importa ya, porque ese cuerpo mancillado no es mío más, y es un carroñero quién aún se alimente de él.

Compadeceré a aquellos olvidados que, bajo el manto de la oscuridad, nunca dejarán de desearla.

miércoles, 14 de febrero de 2024

Quisiera aceptar

Quisiera que en este mundo fuera admisible dejar correr los caballos de la esperanza sin ninguna traba, en las llanuras libres del corazón.

Quisiera sentir el canto del vientre fecundado, con la única canción que puede cantar, con la única canción que admitiría escuchar.

Quisiera que la evolución estuviera siempre presente, que nunca nos diera miedo releer la palabra escrita.

Quisiera no saltar a la desolación como primera respuesta ante un sentir desagradable.

Quisiera, que el camino de la oscuridad se abra ante mi, y me permita guiarme con una de Sus antorchas 

Quisiera sentir tus manos, por ser tuyas, y no por hacer parte de un deseo largamente pospuesto.

Quisiera recordar siempre, cada día y en cada momento, mi propia y reconfortante insignificancia.

Quisiera ser pájaro, volar hasta ti y construir un nido en tu ventana.

Quisiera ser aire, o agua, o asfalto, o enfermedad. Tocarte, con certeza.

Quisiera que el amor fuera un ejercicio de imaginación y de pasión, y no uno de resistencia y resignación.

Quisiera acudir a tu cama sin ser vista, darte un beso y regalarte el recuerdo de mi aroma flotando sobre ti.

Quisiera ser palabra muda, quisiera ser el canto de la brisa, o el susurro del arroyo. Quisiera ser las cinco de la mañana, y sentir en mi la música del mundo despertando.

Quisiera la soledad sin lejanía, y la amistad sin cercanía.

Quisiera habitar en la suavidad del gato durmiendo en la ventana.


Quisiera, quisiera, quisiera... Y nada trae tanta desgracia como querer lo que no es.

La realidad es, sin importar como quiero que sea. La realidad es, y la acepto.


Yo soy.

Nada pido, solo soy.

Nada quiero, solo estoy.


Como es arriba, es abajo.

Como me abro a la vida, me abro a la muerte.

jueves, 1 de febrero de 2024

Desesperanza

 
Y entonces la esperanza asoma de nuevo su ingenuo rostro.
¡Mátala! ¡Estrangúlala!
¡Sofócala! ¡Elimínala!
Este mundo no es de las esperanzas infantiles.
 
Las pasiones ardientes hacen parte de los libros,
y de los corazones adolescentes.
No anheles el cumplimiento de las historias de amor.
Anhela la seguridad, el capital, la cercanía.
 
Nadie recuerda ya los pasos de sus pies cuando eran otros,
nadie ofrenda ya en las encrucijadas.
Nadie anhela el roce de la piel nunca besada,
O el llanto de bebés que nunca existieron.
 
Únete de forma eficiente y racional.
Cásate con la mente, y jamás con el corazón.
No ames, no desees, no sueñes. No confíes.
Deja que el cinismo llene hasta la ultima fisura del ser esperanzado.
 
Inmoviliza tu espíritu salvaje, cúbrelo en concreto.
Exhíbelo en el jardín de la comodidad,
como monumento a las especies perdidas,
A los sentimientos irreconocibles.
 
La esperanza no habita el mundo adulto,
La firmeza no existe alrededor de las opciones infinitas,
Los deseos fijos del corazón no son del amor líquido,
Y confunden su filosofía ácida.
 
Nada duele más que la esperanza defraudada,
No hay confirmación más satisfactoria que la del cinismo.
No esperes, no saltes. No quedan ternuras en las que caer.
 
Fluye, solo fluye.
De una pesadilla febril a otra.
Adopta una forma diferente en cada sueño.
Consagra tu cuerpo a la imposibilidad.
 
Acéptalo, por fin.
 
Never.

martes, 21 de junio de 2022

Del camino inevitable hacia la muerte

Cuánto temor existía antes, cuánto terror puro al ver los ojos de la calavera, cuántas pesadillas llenas de lenguas podridas y besos sangrantes.

Ahora me pregunto si la vida no será un eterno aprendizaje de aceptación de la muerte, un camino de pérdidas y victorias, que hacen que la vida sea lo suficientemente feliz para no querer que acabe, y lo suficientemente triste para aceptar que lo haga.


martes, 10 de agosto de 2021



Lost beyond the stars,
my love has gone forever and ever.
All in this world I know,
my love will last forever and a day.

Que irónico es.
La prueba de vida de la esperanza,
es que aún pueda morir un poco más.

lunes, 26 de julio de 2021

Atalanta e Hipómenes


En las calurosas tardes y noches, después de los arrebatos de deseo que nos dejaban exhaustos, sudorosos y enredados, como animales, solía mi imaginación invocar la imagen de los leones en los que se convirtieron Atalanta e Hipómenes, y nos encontraba un gran parecido con ellos.

Solía sentir que esa era una imagen que nos definía muy bien, los imponentes cazadores que deciden descansar en la estepa, retozando pacíficamente, con absoluta confianza de su poder. El olor animal, la satisfacción instintiva y primaria, el sopor del cansancio, las manos flexibles pero violentas, que a veces se hacían garras. No era difícil imaginarnos como leones.

Pensaba (¡ingenua!), que no era un mal final, ni un destino cruel. Atalanta, la gran cazadora que traicionó sus votos a Artemisa por las manzanas doradas de Hipómenes, quien gracias a Afrodita conoció un amor que nunca debió corresponderle a ningún mortal. Ambos poseían la fuerza y la voluntad de los cazadores y los héroes del mito griego, y ambos poseían también sus defectos primordiales, su facilidad para ofender a dioses demasiado susceptibles.

Idealización, al fin y al cabo. Creyendo vernos como cazadores voraces en la selva de cemento, expertos en nadar por las líquidas aguas de esta época, que al fin habían encontrado el sosiego suficiente para retozar en un espacio sin tiempo.

Nunca se me pasó por la mente que nunca existieron tales leones, que realmente eran una serpiente, y una niña demasiado aferrada a su propia esperanza, quien conoció en carne propia el límite de las veces en las se le puede creer a una serpiente, con la errónea ilusión de que algo que sale de su boca no sea una mentira. En cierta medida, la muerte de la esperanza, aunque sea tardía, es un gran alivio. Me asusta ahora contemplar lo cerca que estuve de obedecerle de nuevo.

Y a pesar de la reincidencia y de la equivocación, ya no tengo ánimo de ser cruel con la crédula que queda en mí, me enternece su optimismo sin medidas, su romanticismo incurable, su esperanza en la bondad y los finales felices. Me enternece, pero me alivia ver el entendimiento y el dolor ineludible en sus ojos.

Solía pensar que el de Atalanta e Hipómenes era un final hermoso, la historia de los primeros leones, los cazadores que a pesar de sufrir un castigo, no habían perdido su esencia, los reyes que seguirán dominando el mundo gracias a su fuerza y su agilidad.

Ahora entiendo que los antiguos griegos creían que los leones no podían aparearse entre ellos, y puedo dimensionar la inmensa crueldad del castigo de Cibeles, que por un arrebato de lujuria ahora los condena a jalar de su carro por toda la eternidad, separados por el abismo insalvable de la corrección biológica, sin imaginarse nunca la estepa de descanso y satisfacción en la que los situaba mi mente.

domingo, 4 de julio de 2021

Desesperación


"But deep inside you made love to the world
cause your imagination was bigger than reality."


Es fácil olvidar en un mundo nuevo, los recuerdos no encuentran tantos lugares a los que asirse, y entonces no tienen más opción que desvanecerse.

Hoy soy débil.

Hoy extraño, acostada en esta cama que compartimos, que compartí con los hombres cuyo nombre sí es recordado, pero que nunca se había sentido tan amarga.

La cama, su olor olvidado en la mesita de noche, las plantitas que se han hecho robustas, el cajón vacío, cuya existencia es poética en sí misma.

Los recuerdos me aplastaron.

Mi racionalidad no duda, este es el mejor camino, es el mejor paso en mi viaje, soy afortunada por haber esquivado una bala que hubiera sido mortal.

No es duda, es anhelo.

Un anhelo tan profundo que se hace desesperante, una sed tan acuciante que supera a todas las demás, una necesidad visceral y urgente.

Es un deseo apremiante que no puede ser cumplido.

Es el capricho por lo imposible.

Nada ha cambiado, nada cambiará, nadie queda aquí… Pero cada día duele más.

miércoles, 30 de junio de 2021

Man muss machen, was man machen muss.

No hay orgullos que preservar, no quedan apariencias para guardar.

Al fin y al cabo, nadie queda aquí, a nadie le escribo, y estas letras, como siempre, solo serán un recordatorio de los senderos que he transitado, de las tierras áridas por las que divaga mi espíritu. 

La rabia se ha desvanecido, pues no es un sentimiento que encuentre su hogar en mi.

Y el pesar ha sido abrumador.

Aún lo es, y tendré que bajar al último de los círculos para poder deshacerme de él.

 

Mi temor al fracaso siempre ha sido apabullante, casi inmovilizante. Soy una de esos ególatras que le teme tanto al fracaso que no se esfuerza totalmente, pues hacerlo y aún así fracasar, resultaría intolerable.

Me esforcé al máximo, quise tanto la ilusión que por primera vez dejé toda mi piel en el fragor de la batalla.

Y fracasé.

Sé muy bien que fue una falta de juicio y no una falta de esfuerzo.

Pero no hay nada en este mundo que no hubiera dado por él.

Aún la romántica empedernida que habita dentro de mí no puede comprender que simplemente, el amor no es suficiente.

Aún guarda la esperanza irracional de retornar al lugar en el que fue feliz, y por más hermosa que le parezca esa ilusión a mi espirítu desesperanzado, he de aplastarla.

El problema siempre ha sido la esperanza, el exceso de fe en un dios falso, que en la realidad apenas alcanza a ser un humano.

El amor debería serlo todo, debería bastar para todo, pero lo cierto es que no es nada en el final de los finales.

 

He de enfrentarme a aquello que temo aún más.

“En mi habitación, 
duerme una suicida.
Duerme pequeñita,
duerme”

Los canticos han de terminar, ese trance soporífero en el que la he mantenido sumida.

He de despertar a la pequeña suicida encerrada en mi mente.

Ella es la primera de todas nosotras, y todas hemos sido sus carceleras.

Proclamo mi amor por la tristeza, pero siempre he amado a esa tristeza cómoda y hermosa que camina flemáticamente a mi lado sin molestarme, pero acompañándome, aquella que escribe conmigo poemas, que me enseña nuevas lecciones, y cuyos pequeños rasguños me causan placer.

Es momento de enfrentarme a la tristeza real, de la que escapo a cada instante, de sentarme frente a ella y mirar a sus ojos inmensos y abismales, de sumirme en la pegajosa brea que es su inmensidad.

Debo llenarme de ella, dejar que me toque y me invada, que pase cuanto quiera por mí, sostener la respiración y esperar salir del otro lado, pues resulta necesario para aprender la lección.

He de despertar a la pequeña suicida, precursora de todas, a aquella que guarda en sí la tristeza real y asfixiante de la que hemos huido por más de una década.

He de sentarme a su lado y escucharla por fin, he de acunarla en mis brazos y mostrarle el mundo agonizante en el que vivimos, con la esperanza de que desee quedarse en él.

Hemos de conversar, pues la siento cerniéndose sobre mí, siento su gigantesco peso posándose sobre mi pecho, sin dejarme respirar.

Es solo una niña, que ha estado dormida demasiado tiempo.

Pero ha existido siempre.

Fortaleciéndose con mi miedo.

martes, 29 de junio de 2021




Por primera vez no estoy agobiada con la vieja sed, urgente y perpetua.

Siento una nueva, y muy antigua, despertándose. No es la sed de la cazadora, no es la sed de la amante, no es la de la hedonista, ni la de la puta.

Siento la sed de la bruja invadiendo mi boca, siento el llamado de la madre en el lugar más hondo de mi memoria.

Siento la caricia de las mujeres que soy y he sido, curándome.

Nada de ti en mi, nada de mi en ti.



lunes, 28 de junio de 2021

Indigno (La última respuesta)

 

¿Acaso el monstruo intenta aliviar la consciencia de la que carece?
No tiene ninguna importancia, pues nunca pudo entender el sentimiento.
Nunca creyó en él.

Pero existe.

Nunca lo entregado fue tan puro, y nunca lo puro fue tan profanado.
Nunca la esperanza fue tan ciega, ni el corazón tan ingenuo.
Nunca la bruja fue tan esposa.

Y nunca fue tan poco merecido.



jueves, 24 de junio de 2021

Salvación

No entenderían mis procesos los espiritus inferiores. 

El motor es el odio a mi misma. No le odio. Ya no queda ningún sentimiento en mi para usted, más que la compasión.

Ha borrado su existencia en mi mundo, no se puede odiar lo que no existe. 

Los recuerdos permanecerán siempre, las lecciones aprendidas no se perderán, y la vida en el 206 no será olvidada. Pero su nombre se lo llevará el tiempo, y ni yo, ni aquellos que caminan conmigo, lo recordaremos nunca más.

No habitará en mis recuerdos más que una sombra, la imagen difusa de un monstruo, el recuerdo casi olvidado de un sueño que se convirtió en pesadilla.

No seré puerto, no seré refugio, no seré confidente. No se puede estar ahí para un ser que no existe.

Y con su inexistencia ha llegado el fin del hechizo. 

El collar de Schrodinger ya no es tal, ahora es una simple alhaja, encerrada en un bolsillo, esperando a ser enviada a un lugar que ahora es desconocido.

No hay nada ya que rodee mi cuello.

Siento pena por todas aquellas que vendrán después de mí. Por esas que no podrán esquivar la bala.

Aún no sé si yo misma la he esquivado.

Pero lo siento. 

Incluso mi cuerpo me advertía, con su malestar, de la monstruosidad que me miraba a traves de los ojos del amante.

Ya no habrán más monstruos, mi piel no volverá a ser horadada por las garras afiladas y mi sangre no volverá a ser bebida por aquellos sedientos de la vida de la que carecen.

Mi cuerpo será limpiado y purificado, la piel blanca será inmaculada de nuevo.

Los ritos de paso han comenzado.

domingo, 20 de junio de 2021

Del futuro: Te extrañé

 
El odio es un motor poderoso. Y yo siempre he estado llena de contradicciones.

Puedo sentirme tan estimulada por el amor como por el odio, por la sed como por la satisfacción.

No extraño a un extraño. Un ser extraño, a quien sería imposible extrañar, es el que existe ahora en la piel de alguien que amé, y que se ha ido.

Los recuerdos aún quedan incólumes, inmaculados. Extraño a quien habita en ellos, me extraño a mí, cuando también los recorría.

Y ahora tengo que contaminarlos, tengo que ensuciarlos con asco, inyectarlos con rabia y engaño.

El único camino es a través.

Y todo quedará destrozado.

Pero he estado aplazando mi salida, afuera llueve y aún no quiero mojarme.

Me invadirá la sed, me invadirá la fiebre de la caza cuando mis entrañas palpiten, correré sin mirar atrás y mi único deseo será purificarme con la lluvia.

Pero esta noche no es esa noche, y está bien. Esta noche me regodeo en la tristeza de los recuerdos felices, impolutos y falsos.

 

Acabará.

sábado, 19 de junio de 2021

Te extraño

 Me odio a mi misma por hacerlo.

La maldición de la hedonista

 Me siento total y absolutamente agotada. Estoy cansada de luchar batallas perdidas, por cosas equivocadas.

Mi naturaleza rebelde se rebela incluso ante mí misma.

Lo sacrifico todo en nombre del placer y de la felicidad momentánea. Puedo sacrificar mi cuerpo, mi corazón, mi tranquilidad.

Todo, en nombre del próximo orgasmo, del próximo te amo, del siguiente idilio que satisfaga a la romántica idealista que llevo adentro, esa que se ve en la necesidad de autoengañarnos, para pensar que en este mundo inhóspito puede florecer el amor duradero.

Este mundo inhóspito que me habita. No en el que habito yo.

El mundo inhóspito de mi alma, ese mundo inhóspito que me odia, y que me fuerza a arar y cosechar en tierras estériles, que disfraza los pantanos como blandas sábanas y los pequeños placeres que ofrece el suelo yermo como grandes y abundantes festines.

El mundo inhóspito de mi aceptación, de mi resignación, de mi cinismo, de mi pasivismo, de mi masoquismo. El paisaje desierto, con las huellas de lo que alguna vez estuvo ahí.

De todas esas partes que me he arrancado, y he dejado a lo largo del camino. Todas me faltan, pero son de otros ya.

El agujero que ha dejado esta nueva parte arrancada sanará, se convertirá en cicatriz, y habrá hecho el panorama más desierto, más desolado.

Busco, siempre busco y nunca encuentro. Porque no quiero encontrar. Porque huyo y escapo, porque camino entre senderos de cuchillos, sorprendiéndome cuando me cortan, porque la tragedia es mucho más estimulante, escribe mejores historias, es la más grande de las maestras.



La felicidad eterna, sin dolor, se haría absurda.

Y también hay belleza en las cicatrices, en el panorama yermo y agreste, en la brutal honestidad de la consciente esterilidad.

No existe un balance entre mis placeres y mi autopreservación.

Un día moriré en un último frenesí de placer.

martes, 20 de abril de 2021

A la Niña Mar, que descanse en su tumba.

 A veces extraño el calor del amor juvenil, la inocencia que nos embargaba, la esperanza que creíamos que se realizaría, todos los planes que nos atrevimos a pensar para que después la vida los destripara año con año, hasta convertir la realidad en el extremo más opuesto de esos sueños que compartimos.

Nunca nada se ha sentido como el amor del Hombre Dragón, muchos amores han sido más cercanos, más sinceros, más satisfactorios… Pero ninguno ha sido tan inocente, tan lleno de promesas eternas y de amor puro.


Era un tiempo en el que la eternidad parecía algo posible de prometer. 


Supongo que nada es como el primer amor.


Ahora el amor es cínico, es descarnadamente honesto, es limitado y condicional. Es real y sincero, si, pero también es duro e incierto.


Recuerdo también la rabia y el dolor, tan profundos, asfixiantemente dolorosos. Recuerdo las lágrimas que derramé cuando la primera cortina cayó y el Hombre Dragón me hirió, a pesar de que he vivido tragedias mucho mayores, no logro recordar lágrimas tan abundantes, tan dolorosas y tan continuas como esas.


Adelgace 10 kilos en ese tiempo…


Ahora la rabia y el dolor parecen lejanos, y tan agotadores que creo no poder sentirlos de verdad nunca más, incluso las emociones más desagradables parecen insulsas comparadas con los sentimientos de la época de la inocencia.


Ahora no queda nadie inocente en este lugar, aquí solo habita la criatura cínica y endurecida, la que aun amando duda, cuestiona, planifica, se prepara para un desenlace no querido.


Soy más honesta, claro, mi voluntad es más fuerte y ahora mis emociones me obedecen y se doblegan ante mi, cuando yo apenas me molesto en notar su presencia.


Sin embargo, extraño la apertura de la ilusión, los ojos que brillaban al ver un horizonte prometedor, sin saber que la vida es demasiado cruda como para sobrevivirla con ilusiones vanas.


Me erijo con orgullo en mi cinismo, en mi escepticismo que disfruta dudar de todo, en mis consejos nihilistas y descorazonadores. Amo la honestidad que me lleva a abrazar de forma consciente lo decadente de mi misma, lo doloroso y lo imperfecto que me ofrece el mundo.


Me miro al espejo viendo como el paso de los años ha cambiado mi reflejo, solo veo el rostro endurecido de la cínica, los ojos apagados de la escéptica, y ni un rastro del amor puro, de la inocencia del pasado… Ni un ápice de la Niña Mar que amó tanto a su Hombre Dragón.


jueves, 22 de octubre de 2020

Lamento mortuorio

 Lloro por todos mis muertos, mis bolsillos están cargados de sus pertenencias, de alguna cosilla insignificante que ahora encierra mundos enteros.


Cada vez hay más muertos pero menos lágrimas, la carga de tantas muertes ha logrado que la vida se convierta en un camino tortuoso e incierto. 


Tres fantasmas marchan sobre mis huellas.


El amigo querido, el hermano, la certeza de que incluso la lealtad más férrea desfallece sin quererlo, que incluso aquellos que más aferrados están a la vida, pueden verse obligados a abandonarla. El alma gemela que reclama una promesa que no pude cumplir, y aun así me observa con benevolencia y lastima, pues a pesar del esfuerzo, jamás logré replicar nuestra confianza.


El padre, la presencia fuerte y masculina que me enseñó lo que era estar, lo que era sentirme segura en su presencia, aquel que siempre estuvo, que siempre contestó a mi llamado, que me educó sin ninguna pretensión, sin ninguna exigencia. Que nos dio un periodo dolorosamente feliz, pues jamás se repetirá. El que también falló sin quererlo, el que lo hubiera dado todo por no faltar.


Y el torturador, el maestro, aquel cuya esencia me llamaba, el amor fatuo y kármico, el necesario tormento que dejó a su paso más lecciones de las que puedo comprender, el que me dio tanto como pudo y a quien quise darle todo, pero no le di nada. Sus ojos oscuros aún aparecen en mis sueños, insondables, y aún puedo ver su mano entrelazada con la mía, puedo sentirlo, y llorarlo.


Los lloro a todos, con las lágrimas más amargas, pues expresan la pérdida real, absoluta y definitiva, no solo de esos tres hombres tan amados, sino de la persona que fui, que los amó, y que ha dejado de existir.


Ya no soy la amiga, ni la hija, ni la masoquista, ya no soy la compañera, ni la consentida, ni la víctima. Con su pérdida perdí también las identidades que ellos conocieron.


Sus fantasmas me persiguen, no por odio, asuntos inacabados ni por deseos de atormentarme, me persiguen para olfatearme, para observarme, con el deseo de ver a la mujer que conocieron. Y siento como la frustración fría de sus espíritus se asienta, siento los bufidos espectrales que emiten al ver en lo que me he convertido.


Esas tres mujeres no existen, cada una murió junto a ellos, y ahora soy solo un cascarón, que, como siempre, encontrará otro espíritu para devorar.