jueves, 1 de febrero de 2024

Desesperanza

 
Y entonces la esperanza asoma de nuevo su ingenuo rostro.
¡Mátala! ¡Estrangúlala!
¡Sofócala! ¡Elimínala!
Este mundo no es de las esperanzas infantiles.
 
Las pasiones ardientes hacen parte de los libros,
y de los corazones adolescentes.
No anheles el cumplimiento de las historias de amor.
Anhela la seguridad, el capital, la cercanía.
 
Nadie recuerda ya los pasos de sus pies cuando eran otros,
nadie ofrenda ya en las encrucijadas.
Nadie anhela el roce de la piel nunca besada,
O el llanto de bebés que nunca existieron.
 
Únete de forma eficiente y racional.
Cásate con la mente, y jamás con el corazón.
No ames, no desees, no sueñes. No confíes.
Deja que el cinismo llene hasta la ultima fisura del ser esperanzado.
 
Inmoviliza tu espíritu salvaje, cúbrelo en concreto.
Exhíbelo en el jardín de la comodidad,
como monumento a las especies perdidas,
A los sentimientos irreconocibles.
 
La esperanza no habita el mundo adulto,
La firmeza no existe alrededor de las opciones infinitas,
Los deseos fijos del corazón no son del amor líquido,
Y confunden su filosofía ácida.
 
Nada duele más que la esperanza defraudada,
No hay confirmación más satisfactoria que la del cinismo.
No esperes, no saltes. No quedan ternuras en las que caer.
 
Fluye, solo fluye.
De una pesadilla febril a otra.
Adopta una forma diferente en cada sueño.
Consagra tu cuerpo a la imposibilidad.
 
Acéptalo, por fin.
 
Never.

martes, 21 de junio de 2022

Del camino inevitable hacia la muerte

Cuánto temor existía antes, cuánto terror puro al ver los ojos de la calavera, cuántas pesadillas llenas de lenguas podridas y besos sangrantes.

Ahora me pregunto si la vida no será un eterno aprendizaje de aceptación de la muerte, un camino de pérdidas y victorias, que hacen que la vida sea lo suficientemente feliz para no querer que acabe, y lo suficientemente triste para aceptar que lo haga.


martes, 10 de agosto de 2021



Lost beyond the stars,
my love has gone forever and ever.
All in this world I know,
my love will last forever and a day.

Que irónico es.
La prueba de vida de la esperanza,
es que aún pueda morir un poco más.

lunes, 26 de julio de 2021

Atalanta e Hipómenes


En las calurosas tardes y noches, después de los arrebatos de deseo que nos dejaban exhaustos, sudorosos y enredados, como animales, solía mi imaginación invocar la imagen de los leones en los que se convirtieron Atalanta e Hipómenes, y nos encontraba un gran parecido con ellos.

Solía sentir que esa era una imagen que nos definía muy bien, los imponentes cazadores que deciden descansar en la estepa, retozando pacíficamente, con absoluta confianza de su poder. El olor animal, la satisfacción instintiva y primaria, el sopor del cansancio, las manos flexibles pero violentas, que a veces se hacían garras. No era difícil imaginarnos como leones.

Pensaba (¡ingenua!), que no era un mal final, ni un destino cruel. Atalanta, la gran cazadora que traicionó sus votos a Artemisa por las manzanas doradas de Hipómenes, quien gracias a Afrodita conoció un amor que nunca debió corresponderle a ningún mortal. Ambos poseían la fuerza y la voluntad de los cazadores y los héroes del mito griego, y ambos poseían también sus defectos primordiales, su facilidad para ofender a dioses demasiado susceptibles.

Idealización, al fin y al cabo. Creyendo vernos como cazadores voraces en la selva de cemento, expertos en nadar por las líquidas aguas de esta época, que al fin habían encontrado el sosiego suficiente para retozar en un espacio sin tiempo.

Nunca se me pasó por la mente que nunca existieron tales leones, que realmente eran una serpiente, y una niña demasiado aferrada a su propia esperanza, quien conoció en carne propia el límite de las veces en las se le puede creer a una serpiente, con la errónea ilusión de que algo que sale de su boca no sea una mentira. En cierta medida, la muerte de la esperanza, aunque sea tardía, es un gran alivio. Me asusta ahora contemplar lo cerca que estuve de obedecerle de nuevo.

Y a pesar de la reincidencia y de la equivocación, ya no tengo ánimo de ser cruel con la crédula que queda en mí, me enternece su optimismo sin medidas, su romanticismo incurable, su esperanza en la bondad y los finales felices. Me enternece, pero me alivia ver el entendimiento y el dolor ineludible en sus ojos.

Solía pensar que el de Atalanta e Hipómenes era un final hermoso, la historia de los primeros leones, los cazadores que a pesar de sufrir un castigo, no habían perdido su esencia, los reyes que seguirán dominando el mundo gracias a su fuerza y su agilidad.

Ahora entiendo que los antiguos griegos creían que los leones no podían aparearse entre ellos, y puedo dimensionar la inmensa crueldad del castigo de Cibeles, que por un arrebato de lujuria ahora los condena a jalar de su carro por toda la eternidad, separados por el abismo insalvable de la corrección biológica, sin imaginarse nunca la estepa de descanso y satisfacción en la que los situaba mi mente.

domingo, 4 de julio de 2021

Desesperación


"But deep inside you made love to the world
cause your imagination was bigger than reality."


Es fácil olvidar en un mundo nuevo, los recuerdos no encuentran tantos lugares a los que asirse, y entonces no tienen más opción que desvanecerse.

Hoy soy débil.

Hoy extraño, acostada en esta cama que compartimos, que compartí con los hombres cuyo nombre sí es recordado, pero que nunca se había sentido tan amarga.

La cama, su olor olvidado en la mesita de noche, las plantitas que se han hecho robustas, el cajón vacío, cuya existencia es poética en sí misma.

Los recuerdos me aplastaron.

Mi racionalidad no duda, este es el mejor camino, es el mejor paso en mi viaje, soy afortunada por haber esquivado una bala que hubiera sido mortal.

No es duda, es anhelo.

Un anhelo tan profundo que se hace desesperante, una sed tan acuciante que supera a todas las demás, una necesidad visceral y urgente.

Es un deseo apremiante que no puede ser cumplido.

Es el capricho por lo imposible.

Nada ha cambiado, nada cambiará, nadie queda aquí… Pero cada día duele más.

miércoles, 30 de junio de 2021

Man muss machen, was man machen muss.

No hay orgullos que preservar, no quedan apariencias para guardar.

Al fin y al cabo, nadie queda aquí, a nadie le escribo, y estas letras, como siempre, solo serán un recordatorio de los senderos que he transitado, de las tierras áridas por las que divaga mi espíritu. 

La rabia se ha desvanecido, pues no es un sentimiento que encuentre su hogar en mi.

Y el pesar ha sido abrumador.

Aún lo es, y tendré que bajar al último de los círculos para poder deshacerme de él.

 

Mi temor al fracaso siempre ha sido apabullante, casi inmovilizante. Soy una de esos ególatras que le teme tanto al fracaso que no se esfuerza totalmente, pues hacerlo y aún así fracasar, resultaría intolerable.

Me esforcé al máximo, quise tanto la ilusión que por primera vez dejé toda mi piel en el fragor de la batalla.

Y fracasé.

Sé muy bien que fue una falta de juicio y no una falta de esfuerzo.

Pero no hay nada en este mundo que no hubiera dado por él.

Aún la romántica empedernida que habita dentro de mí no puede comprender que simplemente, el amor no es suficiente.

Aún guarda la esperanza irracional de retornar al lugar en el que fue feliz, y por más hermosa que le parezca esa ilusión a mi espirítu desesperanzado, he de aplastarla.

El problema siempre ha sido la esperanza, el exceso de fe en un dios falso, que en la realidad apenas alcanza a ser un humano.

El amor debería serlo todo, debería bastar para todo, pero lo cierto es que no es nada en el final de los finales.

 

He de enfrentarme a aquello que temo aún más.

“En mi habitación, 
duerme una suicida.
Duerme pequeñita,
duerme”

Los canticos han de terminar, ese trance soporífero en el que la he mantenido sumida.

He de despertar a la pequeña suicida encerrada en mi mente.

Ella es la primera de todas nosotras, y todas hemos sido sus carceleras.

Proclamo mi amor por la tristeza, pero siempre he amado a esa tristeza cómoda y hermosa que camina flemáticamente a mi lado sin molestarme, pero acompañándome, aquella que escribe conmigo poemas, que me enseña nuevas lecciones, y cuyos pequeños rasguños me causan placer.

Es momento de enfrentarme a la tristeza real, de la que escapo a cada instante, de sentarme frente a ella y mirar a sus ojos inmensos y abismales, de sumirme en la pegajosa brea que es su inmensidad.

Debo llenarme de ella, dejar que me toque y me invada, que pase cuanto quiera por mí, sostener la respiración y esperar salir del otro lado, pues resulta necesario para aprender la lección.

He de despertar a la pequeña suicida, precursora de todas, a aquella que guarda en sí la tristeza real y asfixiante de la que hemos huido por más de una década.

He de sentarme a su lado y escucharla por fin, he de acunarla en mis brazos y mostrarle el mundo agonizante en el que vivimos, con la esperanza de que desee quedarse en él.

Hemos de conversar, pues la siento cerniéndose sobre mí, siento su gigantesco peso posándose sobre mi pecho, sin dejarme respirar.

Es solo una niña, que ha estado dormida demasiado tiempo.

Pero ha existido siempre.

Fortaleciéndose con mi miedo.

martes, 29 de junio de 2021




Por primera vez no estoy agobiada con la vieja sed, urgente y perpetua.

Siento una nueva, y muy antigua, despertándose. No es la sed de la cazadora, no es la sed de la amante, no es la de la hedonista, ni la de la puta.

Siento la sed de la bruja invadiendo mi boca, siento el llamado de la madre en el lugar más hondo de mi memoria.

Siento la caricia de las mujeres que soy y he sido, curándome.

Nada de ti en mi, nada de mi en ti.



lunes, 28 de junio de 2021

Indigno (La última respuesta)

 

¿Acaso el monstruo intenta aliviar la consciencia de la que carece?
No tiene ninguna importancia, pues nunca pudo entender el sentimiento.
Nunca creyó en él.

Pero existe.

Nunca lo entregado fue tan puro, y nunca lo puro fue tan profanado.
Nunca la esperanza fue tan ciega, ni el corazón tan ingenuo.
Nunca la bruja fue tan esposa.

Y nunca fue tan poco merecido.



jueves, 24 de junio de 2021

Salvación

No entenderían mis procesos los espiritus inferiores. 

El motor es el odio a mi misma. No le odio. Ya no queda ningún sentimiento en mi para usted, más que la compasión.

Ha borrado su existencia en mi mundo, no se puede odiar lo que no existe. 

Los recuerdos permanecerán siempre, las lecciones aprendidas no se perderán, y la vida en el 206 no será olvidada. Pero su nombre se lo llevará el tiempo, y ni yo, ni aquellos que caminan conmigo, lo recordaremos nunca más.

No habitará en mis recuerdos más que una sombra, la imagen difusa de un monstruo, el recuerdo casi olvidado de un sueño que se convirtió en pesadilla.

No seré puerto, no seré refugio, no seré confidente. No se puede estar ahí para un ser que no existe.

Y con su inexistencia ha llegado el fin del hechizo. 

El collar de Schrodinger ya no es tal, ahora es una simple alhaja, encerrada en un bolsillo, esperando a ser enviada a un lugar que ahora es desconocido.

No hay nada ya que rodee mi cuello.

Siento pena por todas aquellas que vendrán después de mí. Por esas que no podrán esquivar la bala.

Aún no sé si yo misma la he esquivado.

Pero lo siento. 

Incluso mi cuerpo me advertía, con su malestar, de la monstruosidad que me miraba a traves de los ojos del amante.

Ya no habrán más monstruos, mi piel no volverá a ser horadada por las garras afiladas y mi sangre no volverá a ser bebida por aquellos sedientos de la vida de la que carecen.

Mi cuerpo será limpiado y purificado, la piel blanca será inmaculada de nuevo.

Los ritos de paso han comenzado.

domingo, 20 de junio de 2021

Del futuro: Te extrañé

 
El odio es un motor poderoso. Y yo siempre he estado llena de contradicciones.

Puedo sentirme tan estimulada por el amor como por el odio, por la sed como por la satisfacción.

No extraño a un extraño. Un ser extraño, a quien sería imposible extrañar, es el que existe ahora en la piel de alguien que amé, y que se ha ido.

Los recuerdos aún quedan incólumes, inmaculados. Extraño a quien habita en ellos, me extraño a mí, cuando también los recorría.

Y ahora tengo que contaminarlos, tengo que ensuciarlos con asco, inyectarlos con rabia y engaño.

El único camino es a través.

Y todo quedará destrozado.

Pero he estado aplazando mi salida, afuera llueve y aún no quiero mojarme.

Me invadirá la sed, me invadirá la fiebre de la caza cuando mis entrañas palpiten, correré sin mirar atrás y mi único deseo será purificarme con la lluvia.

Pero esta noche no es esa noche, y está bien. Esta noche me regodeo en la tristeza de los recuerdos felices, impolutos y falsos.

 

Acabará.