domingo, 17 de febrero de 2019

Madurez

La madurez es la tranquilidad en momentos como estos, es la capacidad de soltarse, de dejar ir sin arrepentimientos ni reproches.

Es la valentía para vernos tal como somos, para desnudarnos y ver el reflejo sin miedos.

Es aceptar que fallamos, que podemos no ser suficientes, que somos débiles y necesitamos de otros, pero también es pararse firmemente ante los monstruos, es esgrimir los propios principios con coraje.

Madurar es sonreírle a la espalda de esos amantes que se alejan, es desearles bienestar y amor, es mirar sin envidias, abrazar sin segundas intenciones, desear el éxito de otros con el corazón.

La madurez es aceptarse con un sinfín de defectos y amarse así, es reprenderse sin hacer uso de una crueldad excesiva, felicitarse sin condescendencia.

Madurar es emprender  el camino sin extender abusivamente nuestra estadía, es marcharnos con palabras de agradecimiento y sin mirar atrás.

Implica cerrar las puertas firmemente, sin que existan aberturas pero tampoco bloqueos.

Quiero convencerme de que la madurez es la aceptación del pasado, de que es esta paz que siento al esquivar la bala una vez más.



¿Quién lo iba a pensar? Que la demostración de mi madurez fueras tú.



A ti... Espero que por última vez.



16/02/2019

lunes, 11 de febrero de 2019

A: La esperanza

Quiero fecundar mi vientre emplumado,
no con amores ni con canciones,
no con abrazos o amistades,
lo fecundaré de naturaleza y campo.

Quiero dejar todos mis cariños atrás,
todos los delirios que alguna vez fueron amores,
todas esas ilusiones que por siempre fueron
el engaño de la mente ególatra.

Pues nunca, a nadie,
he querido tanto como me quiero a mi misma.
Pues nunca, con nadie,
he disfrutado de la vida como lo hago en soledad.

Los enamoramientos, los demás,
son solo una excusa, 
una perversión de mi propia necesidad,
una búsqueda, una pequeña esperanza.

De sufrir, sufrir hasta no poder mas,
sufrir hasta escupir en una vorágine de letras,
toda la amargura, toda la frustración,
todas las huellas de la soledad.

Escupir los tenues fragores de las noches inolvidables,
las sucias caricias del sexo con amor,
el aguasangre de las heridas consentidas.
Escupirlo todo, que me purifique el dolor.

Que el sufrimiento me haga casta,
que sea incapaz del egoísmo, 
que me convierta en la utilitarista abnegada.

Que alguien, quien sea, quien quiera,
me obligue a pagar mis deudas,
pues no puedo con esta carga,
no puedo con tanta violencia en mi consciencia,
no puedo con tanto dolor ajeno, 
con tantos ojos empañados,
con tantas preguntas insatisfechas.

Que llegue el bendito karma y me destroce,
que me abandonen sangrando,
pues la sangre y el dolor lavaran mi espíritu,
Y al fin podré de nuevo, con miedo y reserva,
Amar.

miércoles, 6 de febrero de 2019

Divinidad


A veces olvido que soy mi mejor amante,
y me amo mas de lo que he amado
a cualquier hombre que ha pasado por mi cuerpo.

Puedo serme honesta sin miedos,
abrazarme sin miedo,
guiarme sin pena,
declararme todo mi amor sin vergüenza,
admirarme desnuda sin prejuicios.

Soy mi mas grande adoradora.

De la urgencia de un final...

Necesito que mueras, necesito que te extingas de mi pensamiento, de mi boca, de mi piel.

Necesito que fallezcas, que desaparezcas, que fenezcas, que todo tu recuerdo, que toda la confusión que trajiste contigo, desaparezcan.

Que vuelvas a ser lo que eras, sin ninguna particularidad especial, sin ninguna atracción especial, requiero que retornes a tu papel irrelevante, a ese papel que no me mantenía despierta en las noches.

Necesito no pensarte, necesito no analizarte, no repasar tus palabras e intentar distinguir en ellas, inútilmente, la verdad de la mentira.

Necesito que tu nombre no me atormente, necesito volver a darle libertad a mis manos sin temor de que te escriban.

¿Cómo puedo existir así?

Eres puro desasosiego, pura ansiedad, pura curiosidad y pura emoción, todo sin ningún razonamiento, todo sin ninguna lógica.

Nada me ofreces, nada me das, ni siquiera un resquicio, una cuerda, una abertura, nada, nada, nada me entregas, nada me pruebas.

Y lo poco, lo remoto que te arranco, me lo arrebatas.

No estas disponible para mi, tengo que dejar de mentirme, no puedes ofrecerme nada de eso a lo que estoy acostumbrada.

Eres la pregunta que revolotea en mi mente todo el tiempo, incluso te has escabullido en mis sueños, incluso te veo ahí.

¿Cómo? ¿Cómo es posible?

Yo soy la asesina, yo soy la victimaria, y aún así quiero arrodillarme a tus pies y ofrecerte mi cuello, para que tu ni siquiera te dignes a levantar la espada en mi contra, pues no merezco tanto de tu energía.

¿Qué está pasando?

Lo he tenido todo, todo el amor, toda la compañía, toda la disposición, a todo he accedido y te quiero a ti, que no tienes nada de eso para dar.

¿Entonces por qué? ¿Qué es lo que me ofreces?

¿Es mi propia irrelevancia lo que me excita? ¿Es tu frialdad, tu inconstancia, tu corazón comprometido?

Tal vez es la forma en la que me tratas, tal vez es el puro masoquismo lo que me lleva a orbitarte, a esperarte.

Esperarte me mata... Me mata que no me necesites tanto como yo a ti, que no me requieras con tanta vehemencia, que no me desees tanto.

Aun si es estúpido, aun si no tiene lógica, aun si perdía lo mejor, por el dolor... Yo te hubiera elegido a ti, si me hubieras dejado.

(Disfruto tu muerte)

martes, 29 de enero de 2019

Lamento nocturno

Que no dure para siempre
que nada dure para siempre
que solo exista.

Que solo me dé la oportunidad de sentir,
de sorprenderme con mi propia sensibilidad.
Que solo exista en mi, en nadie más.

Que solo sea un reflejo,
un grito brutal de ayuda,
Un lamento por lo que quiero.

Solo deseo sentir,
no deseo amor, no deseo reciprocidad.
Quiero solo el sentimiento, quiero el abandono,
quiero darme, darme sin ninguna medida.

¿Que me reciban?
¿Qué importa eso?
Que nadie me reciba, no importa,
que nadie me llore,
que nadie me ame,
que nadie me mire.

Pero que me dejen sentir,
que me permitan estar ahí,
que me toquen, que me acaricien,
que me usen.

Que me dejen respirar su aire viciado, 
que me dejen sentir sus caricias comprometidas,
que me permitan escuchar el canto de su corazón inaccesible,
que me permitan compartir su espacio limitado.

Que me dejen robarle por un tiempo,
solo el instante de mi presencia.
Solo quiero usurpar un poco,
una mínima fracción,
un pequeño resquicio de importancia, 
de felicidad.

Un pequeño resquicio,
para robar todo aquello que no merezco,
para devorar cada trozo de vida,
al que deseen renunciar.

lunes, 21 de enero de 2019

Luna de sangre


Cantos del amanecer 
y cercanas estrellas.
El suave enternecer
de las bestias maltrechas.

El licor, las palabras,
el sueño contado,
el frío aplastante,
el telar abandonado.

La tortuosidad de los recuerdos,
el dolor sordo de la incertidumbre.
Tu sabor  aún conservaba en mis labios,
el eco de tus afirmaciones permanecía.

De tus negaciones, mejor dicho.
El eco de todas tus prevenciones,
de todos los miedos y prejuicios,
de tantas excusas, tantas justificaciones
halladas en lo más remoto,
en lo más trivial y fútil.
Encontradas por el deseo oculto
De abstenerse y de contenerse.

El deseo de negarnos,
de asesinarnos antes de existir,
para contrarrestar el anhelo,
la urgencia de calor, de piel.

Yo no me niego, yo no me miento,
acepto la urgencia que tengo de ti,
asumo extrañar tu ser completo,
asumo esperarte y escuchar
como de imposible es quererme,
como de imposible es estar contigo.
Como de imposible es lograr lo que he deseado
por tanto tiempo sin siquiera aceptarlo.

Como de imposible es siquiera, para ti, 
darme las migajas que estaba dispuesta a aceptar.
Como de imposible es permitirnos estar cerca.

Todo, todo imposible,
todo imposibilitado,
todo impracticable por la mera voluntad de la oposición, 
de la limitación, de los deseos de volver a algo que no puede regresar,
de los deseos de tener algo que yo no puedo dar.

Podría decir que puedo dar diferente,
que puedo incluso, dar mejor.
Pero tus oídos están sordos 
y mis labios están mudos.
Porque aunque quiero darme,
porque aunque quiero entregarme a ti,
me da miedo ese deseo,
me da miedo el dolor que pueda nacer
por renunciar a mi armadura,
me asusta desnudarme para ti, desprotegida.

Yo también me niego,
tu te niegas la posibilidad,
yo me niego al peligro.
No somos tan diferentes,
seres llevados por el miedo.

Seguiremos asustandonos,
seguirás penetrándome mientras me temes,
seguiré sintiendo orgasmos de terror a tu lado.
¿Hasta cuando? Imposible saberlo.

Hasta que el miedo nos agote,
hasta que el deseo se nos olvide,
hasta que la posibilidad desaparezca del todo.
Hasta que las circunstancias nos obliguen.

Porque así somos.
Por tanto miedo a hacer algo, lo que sea, permitiremos que la vida decida por nosotros
el momento de separación.

lunes, 10 de diciembre de 2018

Realismo


Es duro para una realista aceptar la ilusión que es su vida.

Aceptar las mentiras que corren bajo su existencia, como agua subterránea, la falsedad que permea todas sus acciones, la voluntad mental que posee para transformar la verdad a los ojos de otros.

Tanta voluntad que olvida cual es la verdad y cuál es la mentira, tanto esfuerzo para no conocerse, para verse al espejo y no reconocerse, para observar la mirada amorosa de ojos extraños, sentir los abrazos de desconocidos amigos de una mentira.



Toda la vida se convierte en una mera idea, toda su historia se convierte en una obra de ficción, todo parece ensayado, todo estuvo escrito desde el principio, todo ha sido calculado, incluso los giros más inesperados de la trama.

Tanta violencia que desea la enmascarada pacifica, tanta decadencia que quiere la profesional realizada, tanta sordidez que desea su corrupta corrección… Tanta autodestrucción que necesita el espíritu maduro y fuerte.

Tanta contradicción, tantas diferencias en la misma naturaleza, tanto engaño, tanto disimulo, tantas mascaras, tantas creaciones, tantos convencimientos.

Para terminar sola, en la oscuridad, sin tener idea de la propia identidad, del propio camino, de los propios deseos, sintiendo que la vida vivida no ha sido más que el culmen del perfecto engaño.

(Hay que aceptar,, sin embargo, que tal engaño ha salvado mi vida)

lunes, 27 de agosto de 2018

Amar en tiempos convulsos

Hoy me fumé uno, dos, tres cigarrillos, aspiré las bocanadas de humo como si fueran el elixir bendito del olvido, como si al llegar a mis pulmones fueran a borrar toda mi tristeza, todo mi hartazgo.

Las expulsé en volutas de humo, mirándolas fijamente, esperando el momento en el que se desvanecieran, en el que ya no pudiera verlas más. Nunca pude determinar de forma exacta tal instante, pues aparentemente las cosas desaparecen de improvisto, justo en el momento en el que parpadeas, para privarte de una última visión, de un último placer entre la fugacidad.

Que extraña es la naturaleza humana, que desecha algo que alguien le ha dado, y ruega por obtener lo mismo de otro, que no desea otorgarlo. Que extraños son los impulsos de la autodestrucción, que nos llevan a convencernos de que deseamos felicidad, cuando los caminos que tomamos son los más alejados a ella.

Hoy dormí con diez hombres, o tal vez con ninguno, pues el ansia me gana, el deseo de borrar sus manos, de borrar toda huella de su paso por mi cuerpo, anhelo sacrificar su recuerdo, convertir su memoria en el sueño de alivio dentro de una pesadilla que nunca ocurrió.

Hoy he muerto algunas veces, cada vez que lo busco, cada vez que me resigno en su silencio muero un poco… Cada movimiento ansioso de los ojos, de las manos buscando un mensaje, me aniquila lentamente.

Hoy he llorado por mis amantes también, porque ahora que sé lo que se siente el dolor del abandono y la terminación, lamento no haberles brindado más apoyo, lamento no haber sido más delicada, más comprensiva, lamento, con toda el alma, que las necesidades cambien, que los deseos cambien. Pues ahora, después de tanto, yo estoy en sus lugares.

Sin embargo, hoy he renacido muchas veces más, cada vez que río, cada vez que pienso que, con cada minuto, con cada instante de silencio, estamos cada vez más lejos, me acostumbro más a su ausencia. Sé que al final, esa ausencia ya no será un puñal continuamente clavado, sino que se convertirá en pura tranquilidad, y cada vez menos pensaré en ella.

Hasta que, al final, no se note, no se sienta, no se recuerde.

Todo se convertirá en el firme convencimiento de que esquivé la bala.

lunes, 23 de julio de 2018

Un cuento para mi muerte.

Asegúrense de que nadie llore por mí, asegúrense de que las lágrimas de los santos no sean malgastadas en la suerte de los pecadores. Asegúrense de avisar a todos mis amores, para que sepan que el fantasma de la felicidad pasada y de la crueldad injusta ya no habita en su mundo.

Pidan un funeral con ataúd cerrado, para que cada uno de ustedes me recuerde como fui en nuestro último instante juntos, pues quiero ser, por siempre, el rostro de la vida, el rostro que generé en sus recuerdos.

No permitan que me perfumen, que me vistan, ni me maquillen… No permitan que sea otra, diferente a la que siempre fui.

Consuelen a esos pocos, ingenuos, que se entristezcan por la pérdida de algo que desde siempre estuvo perdido. Pero, por favor, que nadie llore, pues esas lagrimas me ahogarían incluso en la muerte.

Celebren la existencia, la vida y sus lecciones, celebren mi desaparición, mi recuerdo, mis memorias y mis raíces, pues, aunque desde siempre fui una desarraigada, encontré mi hogar en la ilusión de la existencia trascendente.

No olviden que viví, con las palabras como armas, no olviden que mis luchas fueron mis verdaderos amores eternos, no olviden que siempre quise querer, siempre quise ayudar, que nunca quise destruir.

Olvídenme a mí, pero no se olviden de las lecciones, no olviden las caminatas en la noche, las conversaciones sin fin, las promesas que, en su momento, siempre fueron sinceras.

Finjan que me he ido de viaje, y que no retornaré, logren convencerse de que estoy conociendo todo lo que siempre quise conocer, de que estoy aprendiendo de mundos nuevos, como cualquier turista.

Al fin y al cabo, la muerte es solo el comienzo.

Bésame

Bésame,
hasta que la sangre se agolpe en los labios,
hasta que el aire se haga escaso,
y el espacio entre nuestros cuerpos sea inexistente.

Bésame, con fruición, con pasión, con deleite.
Saboréame, muérdeme, penétrame.
Contamíname de ansia, de ideal,
lléname de tal forma que en mi cuerpo no quede espacio para nada más, nunca más.

Llévame, a lo más alto del clímax.
Arrástrame en la humillación, en el dolor.
Y después redímeme, con tus caricias, con tus besos,
con la suavidad de las manos que endureciste en la tortura.

Rómpeme, destrózame, déjame sollozando,
no importa, nada importa.
Pues soy tuya de forma infinita,
te pertenezco de forma absoluta.
Sé que con suavidad recogerás mis pedazos y volverás a armarme,
para después destruirme de nuevo, tantas veces como quieras.

Tómame, solo tómame, como soy.
Una sumisa sedienta por tu placer.


(Escrito el 26 de junio de 2018, y sigue siendo tan cierto ahora como entonces)